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Enseñame a bailar.
Te regalo mis gotitas de lágrimas, para que con ellas riegues bonitos ríos. Te regalo mis latidos, para que con estos tengas una bonita música de tambores. Te regalo mi soledad, para que esta saque a bailar la tuya al son de la música, al pie de los ríos. Así con nuestras soledades ocupadas, no tendremos que preocuparnos por volver a bailar con ellas... Así podremos estar juntos por siempre bailando con los latidos de tu corazón.
El pueblo fantasma.
La niebla era espesa, la niebla lo mostraba. Quizás sea yo, quizás sea ella. Igual nos deja sin cuidado, no hay suficiente certeza para asimilarlo. Sin embargo, pareciera que nosotros éramos los fantasmas. Tal parece, que la niebla se robaba el recuerdo de aquel lugar, lo absorbía para hacerse más bella, para humillarnos y quebrantar nuestra cordura. Es extraño decir que era fantasma, era extraña aquella forma… la forma como lo encontraron. Allí, acariciando el alma uno con el otro atreves de la mirada de sus ojos. – ¡Linda Noche! Dijo él. – Si la verdad lo es, no hay muchas estrellas pero son las suficientes. Asintió ella. Y entonces, los dos juntos pensaron como debía ser. Pues, él ya estaba devastado, fue una gran sorpresa lo que ella le dijo. Solo por unos segundos creyó que era una broma de mal gusto, pero como siempre y no tanto como siempre, si no, como había sido para él todos estos años, tuvo un trago amargo, un vacío en su ser, una grieta en su esperanza, un motivo más para encaminarse por la vía de hierro. Pero no aquella por donde desfila el tren... No, es esta por donde los caminantes se desbordan, se defraudan así mismos, se dan cuenta de que no era lo correcto – Te refieres a errar, ¿cierto? Lo corrigió ella, en sus pensamientos. La sensación bonita de lo desconocido, de no entender la razón de su lugar en aquel lugar, de no sentirse real al lado de ella, desapareció al haber escuchado la última palabra que salía de su boca. – No creo que debamos, no confió en vos, no soy capaz de estar contigo. Decía ella. - ¿Pero? No confías en mí. Era cierto, Pensaba él. Quien puede confiar en él, si ni el mismo lo hacía. Y es que él apenas se daba cuenta de lo que tenía, el apenas se volvía a conocer. Porque siempre que escalaba una roca, se rompía la ilusión y la roca no era más que lodo haciendo que se resbalara, dejándolo con menos rutas cada vez que lo intentaba – De eso se trata, ¿no? Pensaba ella mientras leía esto. Irónicamente cada camino no era mejor que el otro, y así mismo cada camino no era peor que el otro, solo eran rutas sin sentido después de atravesarlas o atorándose en medio de ellas, al fin y al cabo desaparecían y se esfumaban para siempre. Dejándolo con la duda de si los cambios hubieran servido, de si los errores si eran errores, de si la verdad era la verdad, de sí que si algo, o esta vida tenia sentido. Es fantasma porque se siente, pero no se ve. Un sentimiento que se creía muerto pero volvió, algo confuso, algo intangible, algo que ahora me es difícil materializar. Algo que interfiere con mis planes anteriores que no había terminado. Atravesando paredes, dándome golpes vacíos, hazme conocer mi propio motivo, no te vayas, quédate conmigo, quédate con tu pueblo fantasma.
Querer serlo por satisfacción propia.
Querer serlo por satisfacción propia… y nunca, ¡nunca! es una satisfacción real. Estar entre los demás, es algo que si podría llenarme, y aunque se supone que debería… sin esperar algo a cambio, a veces creo que hace falta. Quizás tú seas la respuesta, pero todavía se hace muy difícil, encontrarte. Y el mundo cada vez se hace más grande, y a la vez me doy cuenta, que soy más exigente, por que, aquella vez que sucedió, era más que un reflejo de lo que quería, más no, la realidad propia. Y aunque solo me dolió en el momento, todavía duelen los recuerdos. Algunas veces creo que esta ahí, y deseo que se haga verdad. Pero entre más tiempo pasa, lo encuentro más difícil y absurdo. Y dejo de hacer cosas… e intento otras nuevas, pero la desesperación aparece rápido. Y vuelvo a lo mismo: querer serlo por satisfacción propia.
Imposible, improbable, no te entiendo.
Cegar la luz de la verdad ante los cristales de mis ojos se me esta haciendo imposible... Encontrar la caverna, donde eres sombra y vuelan tus deseos en el borde de la realidad ahora es improbable... ¿Donde estas, que no te entiendo?
Riveras Oscuras.
De las riveras oscuras entre las nubes, ignorantes del que hacer... Del nacimiento huérfano de los amargos recuerdos, de los instantes en que mis manos no obedecen el crear de tu existencia... Hebras dispersas entre lo espeso de mi ser, proyectado a mi será....
Si yo fuera un pincel.
Si yo fuera un pincel, dejaría caer miles de mis fibras de oro; para sentir la piel carrasposa del lienzo donde pienso plasmar mis sueños, antes de tocar la noble pintura. Y luego empezaría con el color amarillo, acariciando suavemente la textura, sintiendo cada rozadura. Disfrutando cada momento, en el que el papel, me besa, y absorbe mi cabellera peinada de amarillo. Pero… ¡Cuando llegue al azul! Me alborotare, y trazare rápido, y ¡eufórico!, mezclándome poco a poco con las líneas y manchas amarillas, formando un bonito verde, ¡verde! ¡Si! Verde, del color de los más mansos césped. Aquellos que, tienen olor propio, haciéndolo tan perfecto, que pareciera que estos césped, enmarcados en mi pintura, tuviesen ese mismo olor, llamando la atención de todos los demás colores a mi alrededor. Chapoteando, brincando en los charcos de pintura. Haciendo con ellos cascadas de cristales, Estatuas con voz propias, castillos de diamantes, y todo lo que se me pueda ocurrir. Pero saben, no siempre siendo un pincel, todo es feliz. Cuando queda un pequeño trozo de lienzo vacio, el último del resto pintado, me pongo nostálgico, porque sé que mi diversión con los colores, y los demás instrumentos llegaran a su fin. Entonces, lo que hago, en esa pequeña esquina es tener mucha calma, y rellenarla despacio… y luego admiro mi obra… y pienso, como me gustaría ser parte de ella… ¡pero me miro! Y digo: -Que tonto soy, si muy bien hago parte de ella, estoy lleno por todos lados en mi cabellera, de los colores vivos, que adornan este hermoso paisaje. Y entonces felizmente, reposo en un vaso con agua, para estar limpio, y esperar a llenar de alegría otro tierno lienzo.
Abrazos y limites de tiza.
Entre profundos abrazos y límites de tiza, confianza y serenidad; Con un trozo de lealtad, cosquillas y olores, ojos brillosos, piel en su piel... piel erizada. Mezclándolo, con la picardía momentánea, ojos atrevidos, ojos seductores. En pequeñas dosis pero adictivas... resumen lo necesario para estar seguro ó no, del siguiente paso.
Más que perfecto...
Hoy no quiero más de tus segundos... Hoy no quiero más de tus vocales... Querias el hombre perfecto, y con gusto ignorabas que mis sueños eran tuyos. Querias el momento perfecto y no logras deshacer con tus amantes la marca de mis labios en tu cuello. Ahora, más que perfecto, es no sentir el perfume de tu piel.
¿Y si tus aceras no son igual a las mías?
¿Y si tus aceras no son igual a las mías? ¿y si tus fragmentos de colores no viajan a tu alma, como lo hacen a la mía? ¿y si no puedo contenerte? Pero, si todo se olvida con el hecho de que inspiras mis locuras; a tu lado me siento diferente, pareciéndome a ti. Acoplándome como un camaleón, que sobresale, y te sobrepasa, dándome cuenta, que lo que soy a tu lado, creyendo que lo eres, es solo de mi propia invención...