El pueblo fantasma.
La niebla era espesa, la niebla lo mostraba. Quizás sea yo, quizás sea ella. Igual nos deja sin cuidado, no hay suficiente certeza para asimilarlo. Sin embargo, pareciera que nosotros éramos los fantasmas. Tal parece, que la niebla se robaba el recuerdo de aquel lugar, lo absorbía para hacerse más bella, para humillarnos y quebrantar nuestra cordura.
Es extraño decir que era fantasma, era extraña aquella forma… la forma como lo encontraron. Allí, acariciando el alma uno con el otro atreves de la mirada de sus ojos. – ¡Linda Noche! Dijo él. – Si la verdad lo es, no hay muchas estrellas pero son las suficientes. Asintió ella. Y entonces, los dos juntos pensaron como debía ser. Pues, él ya estaba devastado, fue una gran sorpresa lo que ella le dijo. Solo por unos segundos creyó que era una broma de mal gusto, pero como siempre y no tanto como siempre, si no, como había sido para él todos estos años, tuvo un trago amargo, un vacío en su ser, una grieta en su esperanza, un motivo más para encaminarse por la vía de hierro. Pero no aquella por donde desfila el tren... No, es esta por donde los caminantes se desbordan, se defraudan así mismos, se dan cuenta de que no era lo correcto – Te refieres a errar, ¿cierto? Lo corrigió ella, en sus pensamientos.
La sensación bonita de lo desconocido, de no entender la razón de su lugar en aquel lugar, de no sentirse real al lado de ella, desapareció al haber escuchado la última palabra que salía de su boca. – No creo que debamos, no confió en vos, no soy capaz de estar contigo. Decía ella. - ¿Pero? No confías en mí. Era cierto, Pensaba él. Quien puede confiar en él, si ni el mismo lo hacía. Y es que él apenas se daba cuenta de lo que tenía, el apenas se volvía a conocer.
Porque siempre que escalaba una roca, se rompía la ilusión y la roca no era más que lodo haciendo que se resbalara, dejándolo con menos rutas cada vez que lo intentaba – De eso se trata, ¿no? Pensaba ella mientras leía esto. Irónicamente cada camino no era mejor que el otro, y así mismo cada camino no era peor que el otro, solo eran rutas sin sentido después de atravesarlas o atorándose en medio de ellas, al fin y al cabo desaparecían y se esfumaban para siempre. Dejándolo con la duda de si los cambios hubieran servido, de si los errores si eran errores, de si la verdad era la verdad, de sí que si algo, o esta vida tenia sentido.
Es fantasma porque se siente, pero no se ve. Un sentimiento que se creía muerto pero volvió, algo confuso, algo intangible, algo que ahora me es difícil materializar. Algo que interfiere con mis planes anteriores que no había terminado.
Atravesando paredes, dándome golpes vacíos, hazme conocer mi propio motivo, no te vayas, quédate conmigo, quédate con tu pueblo fantasma.